Lo primero que ve la gerente por la mañana: ventas, vendimia, vino en depósito y lo pendiente de cobro. Todas las cifras salen de lo que el equipo registra en el día a día; nadie las pasa a mano.
Los avisos se calculan solos: un depósito que se calienta, una analítica fuera de rango, contraetiquetas que no llegan para el próximo embotellado o una factura vencida.
Cada depósito manda su temperatura cada 15 minutos. Si uno pasa media hora fuera de rango, el enólogo recibe un WhatsApp, también de madrugada.
El plano de la nave con cada depósito: qué vino tiene, cuánto, en qué fase y si tiene algún aviso. Al pulsar uno se ve su última analítica.
Cada remolque se pesa aquí. El precio de la uva del viticultor se calcula al momento con su contrato, el grado y la sanidad, y sale el ticket impreso.
Los viticultores reservan día y hora desde su móvil con los kilos que esperan traer. La bodega ve la carga de cada turno y nadie espera dos horas con el remolque.
De una botella a las parcelas y tickets de báscula, y al revés: qué clientes recibieron cada lote. Si hubiera un problema sanitario, la lista está aquí en segundos.
El ERP mira los embotellados planificados y propone qué pedir a cada proveedor, redondeado al palé, y avisa si el plazo de entrega no llega a tiempo.
Cada factura queda encadenada con la anterior y lleva su QR para cotejarla en la AEAT. El envío es automático. Si alguien toca una factura emitida, la comprobación lo detecta.
Los asientos de impuestos especiales se generan solos con cada entrada y salida de vino, y los envíos a otros depósitos fiscales salen con su documento de circulación.
La declaración de vendimia, la de producción y las existencias mensuales, con el control de los 12.500 kg por hectárea del pliego. Un clic y está presentada.
El plan de higiene al día: qué depósitos falta limpiar, qué control está vencido, qué producto ha caducado. Y el informe listo para la inspección.
El coste real de cada vino con la uva que se pagó de verdad, y el margen por canal. También el valor que deja cada parcela por hectárea.
Ventas, cobros, uva con su compensación REAGP y compras, en el formato de importación de A3 o de Sage. Se acabó pasar facturas a mano.
El asistente responde con los datos del ERP: cuánto vino queda sin embotellar, quién debe dinero, qué reservas hay esta semana. Y redacta correos a los clientes.
Cada viticultor ve sus entregas comparadas con la media del valle, sus liquidaciones y reserva su turno de báscula. En gallego.
El QR de la contraetiqueta abre la historia del lote: las parcelas, los días de vendimia y el embotellado. Sale directamente del registro de bodega.
Tienda, club, reservas y el mapa del viñedo, en tres idiomas y conectados al mismo ERP. Fin del recorrido: ya puedes explorar libremente.